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[:es]Aunque la imagen de dar vueltas a una camisa intentando descubrir cómo ponerla en la tabla para plancharla de la mejor manera puede parecer algo cómica, lo cierto es que en el momento, gracia, lo que se dice gracia, tiene muy poca. Pero entonces descubres que hasta la propia prenda con esa etiqueta en la que pone easy iron (fácil planchado) parece mofarse con fina ironía de la situación, y no puedes evitar estallar. Te entendemos.

Que una camisa se te resista en el momento final del planchando tras una tarde entera quitando pliegues y arrugas es de las situaciones más desesperantes que puede vivir cualquier ser humano. Hace falta tener nervios de acero para sobrellevarla sin alterarse y como sabemos que no todos encajamos el estrés de la mejor manera, y que demasiados problemas tenemos ya como para sumarle uno más, te traemos la guía completa para planchar una camisa y no morir (o matar a alguien) en el intento.

Si sigues esta serie de trucos, ninguna camisa se resistirá a tu planchado, y conseguirás además, tenerla más impecable que nunca para el próximo uso. Antes que nada, desabrocha todos los botones (cuello, mangas y por supuesto, cuerpo), es un paso fundamental para facilitar el deslizamiento de la plancha por el tejido y si lo haces de una vez, te ahorrará mucho tiempo.

Una vez desabotonada toda la camisa, divídela en secciones para agilizar su planchado, yendo de las zonas más pequeñas a las más grandes. Empieza por el cuello, es uno de los elementos diferenciadores de esta prenda, así que extiéndelo sobre la tabla y aplica el calor de la plancha sin reparo hasta dejarlo bien tieso y sin ningún pliegue traicionero que reduzca la singular fuerza estética de una camisa.

Divide y vencerás para lograr un buen planchado

Con el cuello listo, baja hacia los hombros situando la camisa en el borde de la tabla. Importante: nunca te ocupes de los dos a la vez. Como ya habrás averiguado, en un buen planchado se hace cierto el dicho de divide y vencerás. Encárgate primero del derecho y luego del izquierdo (o viceversa) y tú mismo notarás cómo aligeras la tarea. Con un breve y suave deslizamiento de la plancha, será suficiente para dejar los hombros listos para la siguiente ocasión, toca seguir bajando.

Llegamos hacia la complicada zona de los puños, y si nos has hecho caso y has desabotonado todos los rincones de la camisa, esta zona conflictiva te resultará muy sencilla de planchar. Introduce la plancha por el interior de las mangas, como siempre primero una y luego otra, y luego repite el proceso por el exterior. No escatimes con el calor, ya que estas zonas poseen doble tejido. Una vez completada la zona de los antebrazos, nos encargaremos de la parte superior de las mangas, siguiendo la raya del tejido.

La pechera y la espalda de una camisa, puntos clave

Con esto habremos acabado con las zonas más concretas del planchado, y a partir de ahora podrás deslizar el hierro con mayor libertad, pero mucho ojo. La parte delantera y trasera de la camisa son las que más facilidades dan a la hora de quitar los pliegues, pero no por ello debes descuidarlas, ya que son las secciones más visibles de una camisa, por lo que un mal planchado en ellas saltará a la vista de manera evidente.

Como hemos hecho hasta ahora, divide en dos para planchar la parte delantera, empieza por el lado izquierdo, es decir, el de los ojales, con un deslizado suave de la plancha, y repite el proceso con el lado derecho, es decir, el de los botones, cuidando el paso del hierro por ellos. Tras ello, dale la vuelta a la camisa y finiquita el trabajo con un fácil pasado de la plancha sobre su parte trasera. Solo te quedará dejarla en la percha con cuidado y aguardar con ilusión la llegada de su próximo uso.[:]